LA FETIA REPUDIA LAS DECLARACIONES DE JAVIER MILEI CONTRA LULA DA SILVA Y ADVIERTE SOBRE EL DAÑO QUE PROVOCAN A LA ARGENTINA

Desde la Federación de Trabajadores de la Energía, la Industria, Servicios y Afines (FETIA) expresamos nuestro más enérgico repudio a las declaraciones del presidente Javier Milei contra el presidente de la República Federativa del Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, formuladas durante un acto político en ese país y reiteradas posteriormente en nuestro territorio.

Las expresiones agraviantes hacia el mandatario de la principal economía de América del Sur y principal socio comercial de la Argentina constituyen un acto de enorme irresponsabilidad institucional. Un Presidente no habla únicamente en nombre propio: representa al Estado argentino y a todo su pueblo. Cuando utiliza ese lugar para insultar, descalificar e intervenir en procesos políticos de otro país, deteriora las relaciones bilaterales y compromete los intereses nacionales.

Brasil es un socio estratégico para la Argentina. Miles de puestos de trabajo, el desarrollo de la industria nacional, el comercio, la integración productiva y buena parte de nuestras posibilidades de crecimiento dependen de una relación madura, respetuosa y estable entre ambos países. Atacar a sus autoridades no sólo afecta los vínculos diplomáticos: también perjudica a los trabajadores, a la producción y a las empresas argentinas.

Como sociedad no podemos naturalizar que el Presidente de la Nación convierta el agravio permanente, la descalificación y el conflicto en una forma de ejercer la representación internacional de nuestro país. La política exterior debe estar orientada a defender los intereses de la Argentina, no a satisfacer posicionamientos ideológicos o personales que nos aíslan del mundo y deterioran nuestra credibilidad.

Lejos de defender la imagen del país, Javier Milei se ha convertido en el principal promotor de una campaña que desprestigia a la Argentina en el escenario internacional. Cada nuevo episodio de confrontación gratuita debilita la posición del país, genera incertidumbre y afecta la confianza necesaria para sostener el desarrollo económico y el empleo.

Desde FETIA reafirmamos nuestro compromiso con la defensa de la democracia, el respeto entre las naciones, la integración regional y la construcción de vínculos internacionales basados en el diálogo, la cooperación y el respeto mutuo.

La Argentina necesita una política exterior seria, responsable y orientada al desarrollo. No puede seguir siendo representada por discursos que dañan su prestigio, comprometen sus relaciones estratégicas y ponen en riesgo el trabajo y la producción nacional.

Pedro Wasiejko

Secretario General 

Federacion de Energía, Industria, Servicios y Afines (FETIA-CTA)

WASIEJKO: “EL CIERRE DE LA PLANTA DE CAUCHO SINTÉTICO ES UNA MUESTRA MÁS DE LA POLÍTICA DEL GOBIERNO DE MILEI QUE ESTÁ DESTRUYENDO LA INDUSTRIA NACIONAL”

Desde la Federación de Trabajadores de la Energía, la Industria, Servicios y Afines (FETIA) expresamos nuestro más enérgico rechazo a la decisión de Pampa Energía de cerrar la producción de caucho sintético en su planta de Puerto San Martín, una medida que pone en riesgo alrededor de 130 puestos de trabajo y deja a la Argentina sin producción nacional de un insumo estratégico para la industria del neumático y el sector automotor. Consideramos que esta decisión es una consecuencia directa de la apertura indiscriminada de importaciones y de la ausencia de una política industrial por parte del Gobierno nacional, que continúa profundizando el proceso de desindustrialización del país.

Pedro Wasiejko, secretario general de FETIA afirmó que “el cierre de la planta de caucho sintético es una muestra más de la política del Gobierno de Javier Milei, que está destruyendo la industria nacional. Esta planta abastecía a la industria del neumático y a otros fabricantes de productos de caucho. La apertura indiscriminada de importaciones, la caída de la producción local y el retroceso de toda la cadena industrial terminan haciendo inviable la producción nacional de un insumo estratégico. Cuando se destruye la industria, no sólo se pierden puestos de trabajo: el país también pierde capacidad productiva, desarrollo y soberanía”.

Asimismo, desde FETIA advertimos que el cierre de esta línea de producción no constituye un hecho aislado, sino un nuevo capítulo de la crisis que atraviesa toda la cadena industrial vinculada al neumático y la petroquímica. El cierre de plantas, la reducción de la actividad productiva y el avance de las importaciones están desmantelando sectores estratégicos de la economía argentina. Frente a este escenario, reclamamos medidas urgentes para proteger la producción nacional, preservar el empleo y defender el entramado industrial que el país tardó décadas en construir.

ASIJEMIN LOGRA AUMENTO SALARIAL DEL 16,55% PARA LOS TRABAJADORES MINEROS DE LA EMPRESA VICUÑA

La Federación de Trabajadores de la Energía, la Industria, los Servicios y Afines (FETIA-CTA), que conduce Pedro Wasiejko, destaca el acuerdo salarial alcanzado por uno de sus sindicatos afiliados, ASIJEMIN, que logró para los trabajadores y trabajadoras de la empresa Vicuña una mejora salarial acumulada del 16,55%, como resultado de las negociaciones encabezadas por su secretario general, Marcelo Menna, integrante de la Mesa Nacional de FETIA, junto a Humberto Coria, director Regional Centro de ASIJEMIN.

El acuerdo establece un incremento del 11% a partir del 1° de mayo sobre los haberes correspondientes al mes de abril y un adicional del 5% desde el 1° de julio tomando como referencia los haberes de junio, alcanzando un acumulado del 16,55%. La vigencia del entendimiento se extenderá hasta el 31 de agosto de 2026.

ASIJEMIN cuenta además con representación en la conducción de la Federación a través de Carla Costabile, dirigente del sindicato minero y secretaria adjunta de FETIA, fortaleciendo la articulación entre ambas organizaciones en la defensa de los derechos de los trabajadores.

“Este acuerdo demuestra que la organización sindical y la negociación colectiva siguen siendo herramientas fundamentales para defender el salario de los trabajadores. Felicitamos a ASIJEMIN y a sus dirigentes por este resultado, que permite seguir fortaleciendo el poder adquisitivo de los trabajadores mineros y reafirma el papel de las organizaciones sindicales en sectores estratégicos para el desarrollo nacional”, afirmó Pedro Wasiejko, secretario general de FETIA-CTA.

WASIEJKO: “EL CIERRE DE FATE ES EL RESULTADO DE UNA POLÍTICA ANTIINDUSTRIAL Y DE UNA CONDUCCIÓN SINDICAL QUE ABANDONÓ A LOS TRABAJADORES”

FATE anunció el cierre definitivo de su planta y el despido de 920 trabajadores. Se trata de un hecho de extrema gravedad que golpea a cientos de familias y pone en jaque a toda la industria del neumático en la Argentina.

Pedro Wasiejko, ex secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) y actual titular de FETIA-CTAT, responsabilizó directamente al gobierno nacional, al titular de la empresa, Javier Madanes, y a la actual conducción del gremio por esta decisión que calificó como “la crónica de una muerte anunciada”.

“Lo advertimos hace meses. Las políticas del gobierno de Javier Milei están destruyendo sistemáticamente el aparato productivo nacional. Apertura indiscriminada de importaciones, caída brutal del mercado interno, paralización de la industria automotriz y ausencia total de defensa de la producción local. El cierre de FATE es el resultado directo de ese modelo antiindustrial.”

Wasiejko recordó que el sector del neumático tiene más de 90 años de historia en el país, desde la instalación de la primera planta de Bridgestone en 1932, y que durante los períodos de políticas productivas activas las empresas invirtieron más de 200 millones de dólares por planta, ampliaron líneas, incorporaron tecnología y aumentaron en un 40% la dotación de personal.

“Entre 2003 y 2015 el sector creció, exportó, invirtió y mejoró salarios. Hoy estamos viviendo una reedición agravada de las políticas neoliberales de los 90. Ya vimos cómo se fue Goodyear en 1999. Ahora el gobierno de Milei acelera ese mismo camino.”

El ex titular del SUTNA también fue contundente respecto a la responsabilidad empresaria:

“Javier Madanes no puede desligarse de esta decisión. En lugar de defender la producción nacional y exigir condiciones que permitan sostener la industria, opta por el cierre y el despido masivo. Es una determinación que prioriza balances financieros por sobre la responsabilidad social y productiva.”

Asimismo, Wasiejko apuntó contra la actual conducción del sindicato encabezada por Alejandro Crespo: “La crisis del 2022, producto de un conflicto mal conducido y extendido irresponsablemente, provocó la pérdida de contratos de exportación estratégicos. Desde entonces las empresas quedaron dependiendo exclusivamente del mercado interno, que hoy está devastado por la política económica del gobierno. Esa combinación fue letal. La conducción actual perdió capacidad de negociación, perdió organización interna y debilitó al gremio frente a las patronales.”

Y agregó: “Un sindicato existe para defender el trabajo y la industria. Cuando pierde conducción política y estratégica, los trabajadores quedan expuestos. Hoy el gremio debe asumir su responsabilidad y poner su renuncia a disposición para abrir un proceso democrático que permita reconstruir la representación.”

Wasiejko advirtió que el cierre de FATE no es un hecho aislado sino parte de una “tormenta perfecta” que también afecta al sector automotriz, químico y metalmecánico.

“Se puede ordenar una planilla financiera en pocos meses, pero reconstruir capacidades productivas lleva años y generaciones. Si no se revierte este rumbo, Argentina corre el riesgo de quedarse sin industria del neumático. Y cuando una industria se va, no vuelve.”

Finalmente, Wasiejko convocó a una reacción urgente: “El gobierno debe abandonar su lógica exclusivamente monetarista y asumir la defensa del empleo y la producción nacional. Los empresarios deben comprometerse con el país donde producen. Y el sindicato tiene que recuperar una representación que defienda a los trabajadores. De lo contrario, el cierre de FATE será apenas el comienzo de un proceso mucho más profundo y doloroso.”

*La defensa de la industria nacional y del trabajo argentino no es una consigna: es una necesidad estratégica para el futuro del país.*

VENEZUELA: LA FETIA CONDENA EL ATAQUE DE ESTADOS UNIDOS Y EXIGE EL RESPETO DEL DERECHO INTERNACIONAL, LA AUTODETERMINACIÓN DE LOS PUEBLOS Y LA PAZ EN AMÉRICA LATINA

Buenos Aires, 3 de enero – La Federación de Trabajadores de la Industria y Afines (FETIA) condena con firmeza la violación de la soberanía nacional de la República Bolivariana de Venezuela por parte de los Estados Unidos de América, expresada a través del ataque militar, el aislamiento de los sistemas de comunicación y el anuncio de la captura del presidente Nicolás Maduro.

Una vez más, se desconoce abiertamente el derecho internacional y se impone la lógica de la fuerza y la guerra, en un contexto global atravesado por una multiplicación alarmante de conflictos armados, con consecuencias devastadoras para los pueblos.

Desde la FETIA advertimos que el escenario internacional se vuelve cada vez más grave: continúan los conflictos bélicos que provocan miles de víctimas civiles, se profundizan las acciones unilaterales que vulneran la legalidad internacional y se avanza sobre la soberanía de los Estados, poniendo en riesgo la paz y la estabilidad regional. En América Latina, estas prácticas resultan particularmente preocupantes, ya que amenazan la convivencia pacífica y el principio histórico de no injerencia en los asuntos internos de los países.

Reafirmamos que la paz, la democracia, los derechos humanos, las libertades y la seguridad común son indivisibles del respeto al derecho internacional y del principio de la libre autodeterminación de los pueblos. No puede haber paz duradera sin soberanía, sin legalidad internacional y sin el respeto a las decisiones democráticas de cada nación.

Por ello, exigimos al Gobierno argentino, a los gobiernos de la región y a la comunidad internacional que condenen con firmeza la agresión de los Estados Unidos contra Venezuela, trabajen de manera urgente por el cese de toda acción militar y promuevan el diálogo como único camino para la resolución de los conflictos.

La FETIA reafirma su compromiso histórico con la defensa de la soberanía de los pueblos, la integración regional y la paz en América Latina.

                Edgardo Depetri                                                                              Pedro Wasiejko

Secretario de Relaciones Internacionales                                                     Secretario General

REPUDIO A LAS DECLARACIONES SOBRE LA POSIBLE PRIVATIZACIÓN DE SALTO GRANDE

Desde la Federación de los Trabajadores de la Energía, Industria, Servicio y Afines (FeTIA / CTA-T) repudiamos las declaraciones a favor de la privatización de Salto Grande por parte del candidato a senador por la alianza de La Libertad Avanza en Entre Ríos, Joaquín Benegas Lynch.

“Salto Grande tiene una importancia estratégica no solo en materia de generación de energía a bajo costo sino también respecto a garantizar un sistema de Interconexión confiable y robusto, en tiempos de picos de consumo, escasa generación y valor récord de los combustibles fósiles”, aseguró Pedro Wasiejko, secretario General de la FeTIA. 

En el mismo sentido, Sergio Benitez, secretario General del Sindicato de Trabajadores Argentinos de Salto Grande (SIATRASAG), que también integra la FeTIA aseguró que Salto Grande “con más de 40 años de operación es un ejemplo a nivel mundial de eficiencia, calidad, eficacia, produciendo la energía más barata de todo el país”.

Si bien Salto Grande produce entre el 4 y el 6 por ciento del consumo energético nacional, su rol y funcionamiento es esencial para la sustentabilidad y normal funcionamiento del sistema interconectado nacional, permitiendo la transmisión de energía, la regulación de frecuencia (es la única central capaz de hacerlo), lo cual dota de estabilidad a todo el sistema eléctrico argentino, habilitando además, el comercio energético con países vecinos. Se trata de un activo estratégico, solvente y de una reputación inapelable, que es determinante, y hoy aún más, para la transición energética. 

Salto Grande, además de la generación de energía, tiene a su cargo alrededor de 400 kilómetros de líneas y cuatro subestaciones de trasmisión EAT (500 kV), brindando diferentes servicios (disponibilidad de los equipos del cuadrilátero, estabilidad del sistema, inmediatez en la respuesta ante colapsos). En este contexto, cumple un rol fundamental en caso de colapso total o parcial del SADI. 

Para tomar dimensión de la importancia de Salto Grande, Benítez explicó: “Durante el colapso total del 16 de junio de 2019, Salto Grande fue la primera central en entrar en operación en solo 45 minutos, poniendo en servicio la primera máquina y a través de su cuadrilátero de transmisión, comenzó la tarea de energización para recuperar desde allí todo el sistema interconectado. Otro notable desempeño de nuestro complejo fue durante el colapso parcial del primero de marzo de 2023, donde Salto Grande quedó a cargo de la regulación de frecuencia y aportó potencia para mantener estable todo el NOA, norte de la provincia de Buenos Aires y a la República Oriental del Uruguay. Esto fue gracias a la excelencia técnica de su personal y por encontrarse en óptimas condiciones de mantenimiento”, aseguró. 

Por otra parte explicó que Salto Grande “no se limita a la producción energética, sino que también tiene una presencia permanente en las comunidades que trasciende gobiernos, ideologías o partidos políticos. Es un organismo eficiente y sin déficit que se pretende entregar a un grupo de privados que vienen a quedarse con un patrimonio, con el esfuerzo y los recursos de un pueblo que ha construido, sostenido y defendido con el sudor, el compromiso y la lucha de aquello que reconocen como propio”.

video prueba

En contra de la privatización de Petrobrás

La rama de los trabajadores químicos de la CUT Brasil convoca a la firma de un manifiesto con el cual como trabajadores adherimos.

Está todo listo para ganar las calles el próximo 13 de marzo, bajo la consigna «Denfender Petrobrás es defender Brasil».

 Podes ver el original del manifiesto acá

“El camino es la obra pública y más ingresos a sectores de menos recursos”

Andrés Tavosnanska
El 18 de mayo de 2009

Para este discípulo de Jorge Swarzer, es posible aplicar una devaluación pero debe ir acompañada por una “agresiva política fiscal que impulse la demanda y compense los efectos distributivos”. De ese modo, se podría “contribuir a retomar el sendero de crecimiento”.

Economista egresado de la UBA. Integró el Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina. Allí elaboró, junto a otros economistas, los documentos “Productividad y progreso técnico y económico. Términos del intercambio en el agro argentino, 1980-2007” y “La actividad productiva en 2007. Un crecimiento que se consolida”.

– Algunas evaluaciones económicas dijeron en diciembre pasado que en marzo se desbarrancaba el país. Eso no ocurrió, ¿por qué?

–No se desbarrancó porque, a diferencia de muchos otros casos, el crecimiento en el país no estuvo en estos años sostenido por una mezcla de endeudamiento y burbujas financieras. Argentina mostró en los últimos años que se puede crecer gracias a un mercado interno en veloz expansión -impulsado por la creación de empleo, la mejora del salario real y la inversión productiva- combinado con un fuerte incremento de las exportaciones. Demostró, además, que este crecimiento se puede financiar con los recursos del país. El abandono del modelo neoliberal con eje en el endeudamiento externo puso al país en una situación de mayor fortaleza para afrontar la crisis internacional. La política de tipo de cambio competitivo permitió recorrer un sendero de desendeudamiento y acumulación de divisas que sirvió en estos meses de turbulencia para evitar una crisis de balanza de pagos a pesar de la impresionante fuga de divisas que sufre el país.

–¿Qué cree que ocurrirá en el próximo semestre con el empleo, la actividad industrial, el consumo y la construcción?

–La actividad en el segundo semestre dependerá de las medidas que se tomen para reactivar el mercado interno y de la profundización o reversión de la crisis en el resto del mundo. Hasta el momento, las medidas que mayor repercusión tuvieron para evitar un derrumbe de la actividad y el empleo fueron las orientadas, por un lado, a evitar despidos y cierres de empresas y, por el otro, a proteger el mercado interno mediante la instauración de licencias no automáticas en nuevos sectores. Si bien estas medidas sirvieron para amortiguar la caída, desde el último trimestre del año pasado se verifican disminuciones en el nivel de actividad, la producción industrial y el empleo. Para que en el segundo semestre la economía se reactive es necesario avanzar en políticas para impulsar la demanda efectiva. En ese sentido, el mejor camino son las obras públicas y las transferencias de ingresos hacia los sectores de menores recursos. Si predomina una actitud conservadora, que piensa más en cuidar las cuentas fiscales que en reactivar la economía, la recesión va a continuar.

–¿Debería moverse el tipo de cambio? ¿Cómo y por qué?

–El incremento del tipo de cambio hoy puede ser útil para recomponer la competitividad de la industria y detener la fuga de u$s5 mil millones por trimestre, que se disparó con la crisis financiera pero que se debe en gran medida a las expectativas de devaluación. Eso permitiría evitar la venta barata de reservas y hacer una suba controlada del tipo de cambio. El peor escenario posible sería liquidar ahora, a bajo precio, las reservas y tener que devaluar después ante la presión del mercado en un contexto donde el Banco Central tenga mucha menor capacidad de intervención. El problema es que la devaluación puede tener efectos recesivos por su impacto regresivo en la redistribución del ingreso. Por ello, la devaluación sólo puede contribuir a retomar el sendero de crecimiento si va de la mano de una agresiva política fiscal que impulse la demanda y compense los efectos distributivos.

–¿Los actuales precios de la soja le permitirán al Gobierno cerrar sin problemas el programa financiero?

–La recuperación de los precios de la soja contribuyen a aliviar el programa financiero al asegurar una mayor provisión de divisas y mejorar la recaudación por retenciones. También son de vital importancia los swaps acordados con China y Brasil y los créditos que puedan aportar los organismos multilaterales para asegurar la disponibilidad de divisas en caso de emergencia. Sin embargo, más allá del cierre del programa financiero de este año, hay que comenzar a instrumentar políticas para evitar que si se logra reactivar la economía nos encontremos en poco tiempo con la restricción externa. Actualmente el superávit comercial es sostenido por la disminución de las importaciones que provoca la caída del consumo, la producción y la inversión. Para sostener el superávit comercial con la economía en crecimiento se necesita profundizar la promoción de exportaciones y pensar políticas para sustituir importaciones.

Por Pablo Waisberg

Fuente: Buenos aires economico http://www.elargentino.com/nota-414…

 

“Ideales e intereses están siempre mezclados”

DENIS MERKLEN, SOCIOLOGO ARGENTINO-URUGUAYO DE LA ESCUELA DE ALTOS ESTUDIOS DE CIENCIAS SOCIALES DE PARIS
El 7 de mayo de 2009

Para Merklen, las clases populares ya no se identifican con la figura del trabajador sino con la del habitante pobre del barrio. La dimensión local de la política –señala– coexiste con la pobreza y genera transformaciones en la democracia y en la ciudadanía que muchas veces son ignoradas o descalificadas al asociarse con acepciones reduccionistas del clientelismo.

–¿Hay rasgos comunes entre la política de los barrios en la Argentina y en Francia?

–La situación argentina y francesa se asemejan mucho en dos aspectos de lo que llamo la sociabilidad y politicidad de las clases populares. Por un lado, la pérdida de centralidad del componente trabajo como lazo político. Por otro, la territorialización de las clases populares, es decir, la gente se piensa a partir del barrio en el que vive. La identidad social se vuelve entonces una identidad territorial. A diferencia de lo que afirman la mayoría de los sociólogos, estas transformaciones no están relacionadas con el desempleo, sino con el hecho de que el trabajo perdió su centralidad política.

–¿Y cuáles son las diferencias que observa al comparar los dos casos?

–Uno de los principales puntos de divergencia entre las clases populares es el modo en que las instituciones están presentes en el universo popular. En la Argentina, el Estado está mucho más abierto a incluir en la relación con los ciudadanos una entidad intermedia: antes era el sindicato, ahora son las organizaciones barriales o piqueteras. Al transferirle recursos para que la organización los distribuya, el Estado reconoce su representatividad social. Los dirigentes barriales buscan por todos lados recursos porque su supervivencia depende de ellos. En Francia, las organizaciones sociales son sólo representantes de la voz de las clases populares, pero nunca de la gestión de los recursos, que continúan distribuyéndose desde una ventanilla municipal.

–¿Cambian entonces las formas de ejercicio de la ciudadanía de los sectores populares?

–Sí. Porque en la Argentina al problema sobre quién tiene derecho, se antepone, por razones prácticas, el problema de quién merece. En las asociaciones barriales se reconoce que todos aquellos con necesidades tienen derecho al trabajo, a la vivienda, al comedor, a recibir las frazadas o la leche que reparte la provincia. Pero como los recursos no alcanzan para todos los que tienen derecho, se debe tomar una decisión. Entonces se crean mecanismos colectivos basados en una decisión más o menos arbitraria para ver a quién se le da el plan o el subsidio. El Estado descentralizó y transfirió esta decisión del plano nacional al plano local. Es como una fuerza centrífuga que lleva la política hacia los barrios. En cambio, en Francia esta posibilidad no existe y sólo se puede pelear por un derecho. Pero no hay que engañarse pensando que en Francia la distribución de los recursos es universal. En todo caso, es universal dentro de una categoría definida por el Estado en la cual se incluyen y se excluyen beneficiarios. También la distribución depende de una decisión, que se toma a nivel nacional.

–Pero se podría pensar que la decisión del Estado representa el bien común mientras que la de las asociaciones se identifican con intereses particulares. ¿Esto no modifica la participación política de la población?

–En Francia se afirma que hay una despolitización de la realidad social por la inmensa desafección electoral, el abstencionismo y la escasa posibilidad de participación en la toma de decisiones. La burocratización de todos los criterios de distribución se vive, paradójicamente, como una pérdida de ciudadanía. En el caso argentino se dice exactamente lo mismo pero por las razones opuestas: la ciudadanía se ve debilitada porque hay muchos actores movilizados que quieren meter la mano dentro del plato y por la ausencia de un criterio claro de decisión. Pienso que son dos modos diferentes de relación entre el Estado y su ciudadanía y que cada uno tiene sus inconvenientes. Sin duda la posibilidad de que las instituciones funcionen con criterios más rígidos y universales favorecería una democracia más justa en cuanto a la distribución de riquezas y acceso a los recursos. Pero el problema es que existe una demanda social individual que va en sentido contrario. En las clases medias, muy pocos están dispuestos a someterse a una norma burocrática donde le digan usted entra o no en tal categoría. La búsqueda de atención personal conspira contra un criterio rígido y universal en la toma de decisiones. Nadie quiere estar bajo el peso de una norma o regla estricta.

–¿Los modos diferentes de relación entre el Estado y la ciudadanía implican formas distintas de democracia?

–Me inclino por pensar de este modo y no por la idea que indicaría que la democracia progresa hacia una forma ideal que se podría definir, por ejemplo, en la universidad. Yo propongo restituir el contenido político a otras formas de ciudadanía y democracia. No significa que todas sean equivalentes. Hay algunas mejores que otras. Pero un intelectual no puede ubicarse por encima del resto y decir esto es o no es democracia o ciudadanía. No creo que se pueda avanzar descalificando o excluyendo del mundo de la democracia o de la ciudadanía a la política de los sectores populares de los barrios argentinos o de la banlieue francesa.

–Varios intelectuales dirían que las clasificaciones ayudan a la comprensión de transformaciones no del todo claras…

–Toda clasificación es en sí misma un acto político. La inscripción de las clases populares en el barrio y su política dentro del juego democrático es el tema de mi último libro y tiene que ver con mi recorrido personal y mi llegada a la Universidad de Buenos Aires desde la periferia de la Capital. Yo venía de Ciudad Evita y, antes, de Uruguay. A los 17 años descubrí un mundo que ignoraba totalmente: me encontré con una forma intelectual de la política en el momento en que comenzaba la democracia. En 1984 la carrera de Sociología estaba acaparada por una reflexión sobre cuál era el espacio de la política. A mí me interesaba entender qué ocurría con las clases populares, que aprendí a nombrar así en la universidad pero que era más bien el mundo en que vivía. Y este mundo no encontraba un lugar para ser pensado en esa reflexión sobre la política salvo con esquemas de pensamiento muy viejos, como la lucha de clases, reenviados a los años ’60 o ’70. Cuando llegué a Francia, fue una gran sorpresa descubrir que los intelectuales reflexionaban sobre la emergencia de las clases populares de una forma muy parecida a la argentina. Los análisis sobre las revueltas francesas de 2005 me hicieron mucho eco a lo que había vivido en la UBA. Curiosamente, los intelectuales franceses tuvieron una discusión muy importante para calificar o descalificar el carácter político de esas revueltas violentas. Para muchos de ellos, las clases populares quedaban por fuera de la política: se afirmaba que los jóvenes de los suburbios no lograban darle una forma política a su manifestación.

–¿Y por qué estas revueltas son políticas?

–Cada 14 de julio, en el aniversario de la República francesa, se queman autos. Uno podría pensar que es un hecho aislado, apolítico. Pero cuando uno va a los barrios y explora esa microsociología densa, encuentra conflictos cotidianos de naturaleza política que pueden adquirir la forma de una explosión violenta frente a un Estado que define los contornos de la participación ciudadana. Con la quema de autos, estamos frente a este tipo de situaciones. Conviene observar qué ocurre en el barrio más que reenviar este hecho a un sinsentido que parece efectivamente desconectado del mundo de la política tal como está contenido entre los partidos y las instituciones.

–¿Por los mismos motivos cree que las protestas de piqueteros u organizaciones barriales son políticas?

–En la Argentina, los estallidos se han dado en momentos en que la situación era muy grave, como la hiperinflación y la crisis de 2001, en que la vida y la muerte de la gente estaba en juego y el Gobierno parecía o incapaz o insensible a esta situación. O en las provincias, cuando el nepotismo y las formas autocráticas de los gobiernos hacían imposible la comunicación y la negociación. Cuando la protesta adquiere esa forma tan violenta, tal vez habría que pensar en un componente de la definición de la democracia que muchas veces no se toma en cuenta y que ya era señalado por Emile Durkheim: la posibilidad de la comunicación entre el Estado y la ciudadanía. La democracia implica no sólo la representación, sino también la capacidad de escuchar. ¿Por qué en Francia son más frecuentes las protestas violentas que en la Argentina? Porque está menos presente localmente el componente de negociación. Cuando los piqueteros cortan una ruta, negocian para que se repartan tantos planes jefes y jefas de hogar. Hay un problema en el razonamiento cuando se piensa a los piqueteros como una organización de desocupados. Efectivamente, se puede decir que reclaman por trabajo. Pero no es eso lo que pueden obtener. Y no es el trabajo que permite que se retiren de la movilización violenta y levanten el piquete, sino la negociación de otros bienes y recursos. En Francia esto es imposible. Cuando los jóvenes protestan están solos frente al Estado nacional. Entonces las respuestas son inexistentes o muy masivas.

–¿Cómo podemos entender la ciudadanía si el trabajo no está en el centro de las reivindicaciones políticas?

–La discusión sobre la ciudadanía tiene un gran valor en América latina, como muestra claramente Guillermo O’Donnell. Pero hay otro modo de pensar el problema de los ciudadanos que no está relacionado con una definición de ciudadanía que nos permitiría decir quiénes son o no ciudadanos, sino con la politicidad, que son distintos modos de relacionarse políticamente en los regímenes democráticos. Aquí se dan formas de participación ciudadana complejas. El modo de participación política de quien tiene sus necesidades básicas satisfechas no es el mismo de quien no las tiene aseguradas. El peso de la necesidad modifica la relación con la política. Hay gente que es efectivamente ciudadana y realmente pobre. Querer separar el mundo de la política de la forma en que las políticas se implementan, significaría armar una democracia puramente formal, sin contenido para los debates. Uno no puede estar por fuera de la política. Precisamente, la pérdida de fuerza del mundo asalariado ha politizado a las clases populares porque en gran parte su supervivencia depende del Estado. Yo suelo decir que los pobres están condenados a la movilización permanente porque las cosas que necesitan para vivir las consiguen en el mundo de la política. Y esto conduce a que el clientelismo se vea como un problema muy importante en las democracias.

–¿Y el clientelismo no es un problema?

–Que grupos políticos del Estado se sirvan de los recursos a disposición para controlar la voluntad política de la gente es un hecho evidente cuando hay sectores de pobreza masivos. No son cuestionables las teorías que piensan el clientelismo desde esta perspectiva. Pero el clientelismo es un concepto que fue pensado para los mundos rurales donde el patrón de una estancia se presentaba en una elección y decía que su voto valía por el de sus 200 campesinos. Hay una carga de este fenómeno que es excesiva trasladada a la Argentina, porque en los barrios populares hay un mundo de competencia política entre los partidos y grupos políticos que se da en un espacio público verdaderamente abierto. El margen de decisión política de cada ciudadano es muy importante: los habitantes de los barrios pobres de Buenos Aires se encuentran solos en el cuarto oscuro para votar. No quiere decir que el clientelismo no exista ni que sea ineficaz en todos los casos. Pero aquello que llamamos clientelismo es una forma de negociación compleja donde incluso los más pobres tienen mucho más poder de lo que se cree y son más ciudadanos de lo que uno podría admitir si lo piensa a través del fenómeno clientelar.

–En la provincia de Buenos Aires la competencia política es acaparada por el peronismo…

–Es cierto, pero no quita que la competencia sea feroz. Aquí hay otro problema que merece ser pensado: ¿qué pasa con la oferta política? ¿Por qué el peronismo tiene un lugar tan importante? Creo que una posible respuesta es que el peronismo tiene una tradición política con más capacidades para entender este tipo de relaciones entre el Estado y los ciudadanos. Dentro del juego clientelar, varios dirigentes peronistas tratan con más cuidado y respeto a sus “clientes”. Con pocos recursos literarios, Duhalde dijo que el 2001 enseñó que con la gente no se jode. Esto significa que no hay una manipulación total. El clientelismo también tiene que ver con los derechos, el honor, el respeto, con una cantidad de dimensiones de la vida política que también están en juego en las capas más pobres de la sociedad. No se puede pensar el clientelismo tal cual como es descripto en la literatura, porque se caería en una visión compasiva (la pobre gente que es manipulada) o despreciativa (la gente vota por los que otros deciden). Algunos dirigentes sociales con mucho poder en los barrios se lanzan a la batalla electoral y no obtienen votos. Por ejemplo, en el caso de Luis D’Elía, la gente no autorizó que su autoridad política se trasladara de un dominio al otro. Y esto requiere perspicacia, inteligencia y un análisis fino de la política.

–¿Qué cambió con el kirchnerismo respecto del duhaldismo y el menemismo en la política de los barrios?

–Absolutamente nada. En algunos casos, son otros los actores. Pero el modo de relacionarse es exactamente el mismo. El problema es que esta especie de consolidación de la relación política vuelve muy difícil una evolución hacia una institucionalización, universalización y burocratización mayor del mundo de la política. Creo que el gobierno actual perdió una oportunidad muy importante de avanzar en este sentido y, probablemente con otro proyecto político, terminó cediendo al mismo tipo de prácticas de sus predecesores en el afán de ganar elecciones. Este modo efectivo de funcionamiento está instalado en la democracia y sólo puede ser cambiado desde el Estado a través de la modificación del modo de acceso y de distribución de los recursos.

–¿La pobreza no altera la idea de democracia como un régimen político basado en la igualdad?

–Observo que desde hace 25 años hay mucha gente pobre y que la democracia funciona. Hay dos modos de ver esto. Una es criticar a la democracia y decir que no resuelve nada porque efectivamente la gente se muere de hambre. Otra es intentar comprender como coexiste la pobreza con la democracia. Es una coexistencia en tensión permanente, donde hay violencia, corrupción, clientelismo y formas degradadas de la política si uno las piensa bajo el modo de una democracia ideal. Hay distintos niveles de corrupción de este ideal y sería irresponsable contentarse con decir que no hay democracia porque existe la pobreza. La Argentina vive en democracia hace 25 años. Es un régimen establecido. Pero indudablemente el proceso de democratización no podrá avanzar si no se resuelve la cuestión social, la enorme fractura de la sociedad.

–¿Esta fractura se relaciona con la retirada del Estado en la economía y en la protección social?

–Sólo parcialmente. En la Argentina, la protección social nunca estuvo en manos del Estado. Eran los sindicatos que daban el acceso a una cobertura de salud. Más que con la retirada del Estado, las transformaciones en las políticas sociales están relacionadas con los cambios en la redistribución de los recursos: lo que antes se distribuía a través del salario, ahora se distribuye hacia el territorio. Curiosamente esta medida fue preconizada por todas las organizaciones internacionales como una forma de democratizar las políticas sociales porque significaba llevar la decisión a la proximidad y darle lugar a la participación mientras que los sindicatos se veían como grandes estructuras burocráticas que manipulaban los recursos. Evidentemente, este desplazamiento no solucionó nada respecto a la corrupción y probablemente agravó la situación. Pero hay que reconocer que en este modo hay efectos democratizadores de ciudadanía que se producen a nivel local de un orden distinto a los que se veían antes. En este contexto, la figura central es el habitante del barrio que se convirtió en ciudadano.

–Está rompiendo con un sentido común sobre la manipulación de los sectores populares y su falta de autonomía individual…

–Sí. Rechazo la idea de que a la gente la llevan por la nariz como el dueño de una estancia que pasea el toro por la Rural. Esto no se corresponde con la realidad. No hay nada que un habitante de un barrio popular deteste más que la posibilidad de sentirse manipulado. Claro que se reparten choripanes y dinero para que la gente vaya a los actos. Pero esto no determina su voto. Alcanza con escuchar las risas y burlas de la gente cuando dicen: “Le comimos todos los panchos a Fulano y él se creía que lo estábamos apoyando”. Son juegos complejos, negociaciones. Creer que la gente va libremente a una manifestación sólo porque adhiere a una opinión, a un ideal, significaría pensar que las clases medias que se reunieron en los actos de apoyo al “campo” no tenían intereses en juego además de sus convicciones. En el caso del conflicto del “campo”, no todos eran los más acérrimos defensores de la libertad, la democracia y la transparencia. También defendían un modo de vida, un tipo de relación con el Gobierno e intereses económicos, a pesar de que una porción ínfima fueran propietarios rurales. Ideales e intereses están siempre mezclados. ¿O acaso la Revolución Francesa se hizo sólo porque la gente creía en la libertad?

Por Gabriel Entin: Sociólogo nacido en Uruguay, Denis Merklen vivió desde los ocho años en Argentina. Se formó y enseñó en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) junto a Juan Carlos Portantiero. Desde 1996 está radicado en Francia, a donde llegó para realizar su tesis doctoral con Robert Castel sobre la ocupación ilegal de tierras urbanas en la Argentina desde 1980. Profesor en la Universidad de París 7 e investigador de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales –donde dirige un seminario sobre la Argentina–, Merklen se especializa en las prácticas políticas y en los modos de inscripción territorial e individualización de las clases populares, tema que analiza en su libro Pobres ciudadanos (Gorla, 2005). Sus estudios se basan en los barrios populares argentinos y franceses aunque también realizó investigaciones en China, Haití, Senegal y Uruguay.

Para Merklen, la liberalización de la economía y la descomposición de la sociedad salarial durante las últimas tres décadas provocaron en las democracias occidentales un movimiento de descentralización de la política hacia lo local y una transformación en las políticas sociales que dejaron de orientarse al trabajador para centrarse en los habitantes pobres. Según el sociólogo, la identidad de las clases populares ya no pasa por su inscripción profesional sino por su inserción en el barrio. Estos cambios implican que las luchas por los derechos del trabajo sean reemplazadas por luchas contra la pobreza: “Las luchas políticas del siglo XX se hicieron bajo el modo de conquistas de derechos que se incorporaban a la ciudadanía. Ahora no es así porque las cosas que se obtienen nunca se pueden inscribir en el derecho. No se puede legislar para que un comedor esté abierto eternamente”.

En su último libro aún no traducido al castellano, Quartiers populaires, (La Dispute, 2009), Merklen sintetiza sus investigaciones sobre la política de las clases populares en los barrios y ofrece varias claves de comprensión sobre las movilizaciones y protestas violentas de los últimos años en Francia y la Argentina, y sobre la necesidad de considerar las democracias no sólo desde su calidad institucional, sino también a partir de la fractura social y aumento de la pobreza en la sociedad.

Fuente Pagina 12 http://www.pagina12.com.ar/diario/d…