Por Guillermo Carrera*

Las verdadera dicotomía no es “economía o salud”, porque uno es un medio y el otro un fin. La tensión actual es entre “Economía Solidaria” vs “especulación miserable”, o sea la vieja disputa entre “Capital y Trabajo” en clave de época.

Y tanto antes como ahora el centro de la puja sigue siendo “la Salud” y el escenario el modelo productivo.

Al igual que el tema de la negociación de la deuda externa, donde el Covid-19, aceleró el proceso, el tema de la Salud de los trabajadores también debe  apurar definiciones urgentes y vitales que vienen de arrastre pero que se aceleran en estas circunstancias.

Según los datos del Ministerio de Trabajo en el 2017 y en relación a la Salud de los trabajadores, cada día “aumentan los accidentes y enfermedades profesionales al mismo tiempo que se reducen los puestos de trabajo”.

Esto pone en evidencia que el modelo productivo desacopla la intensificación de ritmos y la precarización del trabajo de los ciclos productivos y de la lógica de oferta y demanda y la ata, simplemente, al aumento constante de la rentabilidad empresarial.

Este antecedente de deterioro de la Salud, que viene en crecimiento desde la “gran reingeniería” global de los 90, tiene características propias de la época y de los cambios en el mundo del trabajo que podemos describir a grandes rasgos como de “aumento del desgaste precoz” de la Salud y el desvío de la contabilidad del aumento de accidentes y daños laborales a las estadísticas de las enfermedades inculpables.

Los factores de riesgos característicos de esta etapa y comunes a todos los ámbitos laborales son: los psicosociales (estrés, bulling, síndrome de Burnout, y demás patologías psicosomáticas derivadas como hipertensión, cáncer ocupacional, etc.); los trastornos musculoesqueléticos producto de la reducción de espacios, intensificación de ritmos y diseños de puestos de trabajos “enfermos” y la exposición a productos químicos y biológicos desconocidos o no lo suficientemente estudiados.

Hoy en día la entrada en escena del Covid-19 pone de relieve lo central del factor de riesgo biológico por sobre el resto. Tanto por su potencia letal y de expansión como por su inminente e ineludible influencia sobre todo el sistema de trabajo a nivel mundial que tendrá de ahora en más.

El tema de la Salud laboral nunca estuvo lo suficientemente ponderado por las dirigencias sindicales del país, basta analizar los convenios colectivos de trabajo para ver la poca presencia de comisiones mixtas de Seguridad e Higiene y de delegados de prevención en sus acuerdos.

Pero a pesar de ello, la organización de los trabajadores logró poner en agenda en tiempo récord el tema del coronavirus y junto con un gobierno sensible y posicionado del lado de los trabajadores, establecieron al Covid como factor de riesgo laboral.

Ahora para acompañar esta medida resulta indispensable establecer como prioridad, el impulso y la garantía por parte del Estado, de contar con Comités Mixtos o de delegados de prevención en todos los lugares de trabajo, según corresponda a cada caso y que su participación sea ineludible para cualquier homologación de protocolos.

Protocolos que minimicen la exposición en tiempo y forma, que incluyan en los procesos de trabajo pautas de higiene especiales en las puestas en marcha, desarrollo y finalización de tareas, espacios amplios con separaciones mínimas de 2 metros, interacciones pautadas sin superposición que garanticen cambios sanos y no “rápidos” como hasta ahora, son varios de los criterios que deberían primar en estos tiempos.

Estos articulados con la reducción de la jornada, una disminución de los ritmos de producción de por lo menos un 25% en relación a los nuevos protocolos y al uso de barbijos obligatorios que obligan a ello y la posibilidad del trabajo a distancia que permiten las nuevas tecnologías sería un buen punto de partida.

Como antecedente y ejemplo me gustaría señalar el caso de “los 5 minutos de lavado de manos” que figuran en el Convenio Colectivo de Trabajo del sector Automotriz del SMATA incorporado a raíz del Cólera en otras épocas.

Este cambio de prioridades y visualización del tema de Salud debería ser el puntapié inicial  para poder lograr lo que ni con los factores psicosociales, ni musculoesqueléticos pudimos hacer en su momento, la discusión sobre el propio proceso de trabajo desde una perspectiva de la Salud por sobre la rentabilidad empresarial.

Las crisis siempre son oportunidades de cambio, y es importante aprovecharlas para que de una vez por todas, lxs trabajadores logremos poner en agenda prioritaria el tema de Salud. Esta es una oportunidad única. El mundo está cambiando, y ante los desafíos de los nuevos tiempos es indispensable estar a la altura de la época.

Una herencia poco feliz, una nueva revolución tecnológica las industrias 4.0 y la emergencia del Covid-19 nos debe reafirmar la necesidad imperiosa de lograr nuestra asignatura pendiente. El futuro depende de lo que hagamos hoy.

Aprovechemos estos tiempos para realizar una nueva “reingeniería” que nos permita “ganarnos la vida en el trabajo y no perderla”.

 

*Guillermo Carrera

*Sec. Adjunto FeTIA Regional Norte

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