El domingo próximo, 25 de octubre, Chile celebrará un referéndum que determinará si la ciudadanía aprueba el inicio de un proceso constituyente para elaborar una nueva Constitución y qué mecanismo se utilizará en dicho proceso.

 

El plebiscito contará con dos papeletas. La primera dice “¿Quiere usted una nueva Constitución?” Y las opciones son: «Apruebo» o «Rechazo». La segunda dice “¿Qué tipo de órgano debiera redactar la nueva Constitución?”, y las alternativas son: «Convención Mixta Constitucional» (asamblea conformada en un 50% por constituyentes elegidos directamente y 50% por miembros del actual Congreso) o «Convención Constitucional» (asamblea conformada por 100% de constituyentes elegidos).

En la edición de ayer 22 de octubre del diario digital chileno El Mostrador, el académico y profesor universitario Edison Ortiz, hace un paneo histórico sobre las constituciones chilenas y sus respectivas reformas desde el año 1833 hasta la de 1980, (votada en plena dictadura, sin registros electorales y con evidencias de fraude)-, y señala diez grandes falacias, partiendo de la que alcanzó ribetes irrisorios en la Carta de 1980, que declaró, en plena dictadura y con prácticas recurrentes de tortura y asesinato de opositores, que Chile era “una República democrática”, suspendiendo todos los derechos que proclamaba con artículos transitorios ad hoc.

Ortiz, afirma como síntesis: La Constitución actual no solo hay que transformarla por una que exprese la soberanía popular y la heterogeneidad territorial del país, que modifique el presidencialismo, la lógica individualista y mercenaria de la propiedad, sino que también por una en la que no solo se proclamen derechos, sino que queden también garantizados con mecanismos específicos en un país donde hay mucha poesía, pero poco cumplimiento del verbo constitucionalista”.

 

No solo es significativo elegir el mecanismo –en este caso el que más conviene a una salida distinta es la Convención Constituyente– sino también el contenido de la nueva Carta Magna. No solo es importante elegir un buen régimen político que termine con el presidencialismo y la centralización, sino también restituir el dominio público sobre el agua y los demás recursos naturales, permitir un rol activo del Estado en la economía y garantizar derechos efectivos, empezando por los civiles, políticos y avanzando hacia los derechos de segunda y tercera generación, es decir, los económicos, sociales, culturales, ambientales y de género. Pero la clave es crear un régimen institucional que haga posible que lo que se establezca en la Constitución se garantice en la práctica”.

En caso de ganar la opción Apruebo, la elección de los convencionales constituyentes se realizará el 4 de abril de 2021 junto con las elecciones municipales y de gobernadores regionales.

El “Apruebo” parece estar asegurado, pese a todos los obstáculos que pone el gobierno para tratar de desalentar la votación, como el riesgo de contagio del Covid-19 entre otros, (no olvidemos que se vota con Toque de Queda supuestamente por ese motivo), sino también por las mentiras y falacias que los medios hegemónicos de derecha publican a diario. Por eso nadie se atreve a pronosticar cuál será el resultado del mecanismo que la mayoría elija.

Este plebiscito puede ser un hecho bisagra en la historia de Chile y muy importante para la región. Sin lugar a dudas, se inició a raíz de la desobediencia civil en el marco de las protestas que partieron incluso mucho antes de octubre del 2019 y puede llevar a completar la transición que comenzó en 1989 con las elecciones que dieron fin a la dictadura de Pinochet.  

 

 

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