Victorio Pauló
El 16 de junio de 2009 par Fetia

La discusión salarial en el sector de la metalurgia, refleja el carácter compulsivo con que los grandes grupos económicos del sector quieren descargar sobre los salarios el peso de la baja de actividad.
Es evidente que la disputa no solo es económica sino la discusión es sobre el modelo regional a partir de las nacionalizaciones de Hugo Chávez al grupo Techint.

Cuesta entender que una delegación de la UIA desde Nueva York esté clamando por el no ingreso de Venezuela al MERCOSUR, cuesta si no vemos el mensaje domestico con el que los más beneficiados de la etapa van por más y juegan tan abiertamente.

El sector siderúrgico encabezado por Paolo Roca (Grupo Techint) secundado por el grupo Acindar, hoy Mital, reflejan desde el 2003 al 2008, balances anuales que superan el 25% de rentabilidad. Están a la cabeza de los que más trabajadores han ajustado mediante diversos mecanismos: jubilaciones anticipadas, retiros voluntarios, finalización de contratos etc.etc. Hoy son los más reacios a acordar recomposiciones salariales acordes a sus ganancias.

Es indudable que se está consolidando un frente patronal de los que en otros tiempos hacían sonar el clarinete. Hoy impotentes ante los cambios de época recomponen alianzas para presionar a los gobiernos de turno. No hay dudas que el acercamiento a la Mesa de Enlace constituye una decisión estratégica a pesar de los débiles lamentos de la Federación Agraria. No hay ninguna duda que los que están discutiendo no es salario sino poder

Los trabajadores debemos sacar una gran lección de este fenómeno. No es necesario que a los grandes poderes económicos les vaya bien para que aprueben una política determinada. Necesitan ser ellos mismos quienes toman las decisiones a partir de un poder político obediente como el que gobernó durante todos los noventa. Estos últimos años cosecharon buenos dividendos pero no gobernaron como querían y hoy están en proceso de recomposición política y de presión permanente. La discusión de los modelos políticos, económicos, sindicales y sociales está en cabeza de lista de su estrategia. Este malestar creciente que expresan no termina el 28 de junio con las elecciones, se profundizará y se expresará en forma más clara y permanente.

La agenda de los trabajadores no reconoce solución de continuidad antes y después de las elecciones seguirán librando luchas parciales en defensa del trabajo, de cada puesto y de cada fuente de trabajo, por el salario y por las condiciones laborales. Nuestro debate es muy sencillo: cada lucha es del conjunto, cada triunfo nos posiciona mejor en la puja por la distribución del ingreso, y un condicionamiento a la cruzada restauradora que se está incubando.

*Secretario Gremial de la CTA Nacional

 

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