fileterosLos fileteros de Mar del Plata son gente sufrida. El dolor brota de sus palabras como su sudor llena los bolsillos de los empresarios que los explotan a niveles de precarización que si fueran sojeros serían objeto de las denuncias por trabajo esclavo.

 Paradójicamente sus plantas procesadoras  del pescado –un alimento tan noble para el ser humano- se convierten en fábricas de hambrientos y no es una exageración.

Matera, Loba Pesquera, como la poderosa Solimeno, propiedad de los hermanos Antonio y Luis, son plantas donde se filetea la merluza, allí 9 de cada diez trabajadores se convierten en cooperativistas aunque jamás llegarán a discutir un balance para distribuir dividendos. Los empresarios le encontraron la vuelta, arman cooperativas truchas como en verano se montan obras de teatro.

Estos actores son reales. Eso es lo triste en esta historia.

Entre los actores de reparto está el sindicato que solo reparte excusas para no hacerse cargo de nada, lo sigue un aceitado mecanismo de protección política permite que esta problemática subsista más allá del partido político que gobierne la “ciudad feliz”.

La explotación sobre los fileteros los persigue día y noche, si hay paros de los estibadores, los marineros y armadores –como en este momento- en reclamo de mejoras salariales y lo logran, el filetero se consuela cuando el paro termina, mientras tanto el hambre atraviesa sus hogares como esos puñales de injusticia que durante décadas llevan clavados en sus estómagos, porque si paran los estibadores los fileteros no trabajan ni cobran, ni comen.

Si se accidentan no hay ART que les de prestaciones. No tienen aportes jubilatorios, sin embargo los consuela que las políticas de estado le brindarán esa posibilidad en el futuro si esto no cambia.

Son algunos de las razones que los motivan a apoyar a este gobierno. A este mismo gobierno al que les gustaría decirles –si tuvieran esa posibilidad- que deje de abrazarse con sus verdugos.

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