Publicado en Miradas al Sur

Histórico dirigente metalúrgico, Paulón comparte las demandas de Moyano y a la vez dice que “confrontar con el poder electoral de Cristina es como enfrentar el liderazgo de Perón en tiempos de su exilio”.

Veterano de más de mil batallas, Victorio Paulón es, además de secretario internacional de la CTA liderada por Hugo Yasky, integrante destacado de la comisión directiva del Cels. Se curtió como militante gremial metalúrgico en el durísimo año 1975, en las coordinadoras de Villa Constitución.

Durante años fue secretario general de la UOM de esa localidad industrial, casi siempre –hasta el conflicto por la resolución 125– compartiendo espacio con otro sindicalista histórico: Alberto Piccinini. Enfrentado con la dirigencia nacional de su propio gremio, terminó encarcelado el 1º de mayo de 1975, durante la brutal represión a la huelga de 60 días que realizaron sus compañeros. No fue una detención fugaz: estuvo preso seis años y medio “sin verle la cara a un juez” y luego debió exiliarse. Paulón tenía un hermano, Pedro, quien fue secuestrado el 19 de julio de 1976 y aún continúa desaparecido. La última vez que ambos hermanos pudieron verse las caras fue en agosto de 1975, cuando Pedro fue a visitar a Victorio en el penal de Coronda. En esta entrevista, Paulón rescata los avances producidos desde 2003 en adelante, dice más que sugiere que la actual actitud de Hugo Moyano se parece en algo a la que adoptó Augusto Vandor en los ’60 (“confrontar con el poder electoral de Cristina es como enfrentar el liderazgo de Perón en tiempos de su exilio”), pero no deja de repasar los reclamos que comparte con el dirigente camionero, ni la agenda nutrida de lo que falta para favorecer a los trabajadores. En todo caso, advierte contra los riesgos de un “verticalismo obsecuente” que “nos ponga de furgón de cola de políticas destinadas a destruir las conquistas históricas de los trabajadores, como sucedió en los ’90”.

–El episodio ya prolongado de tensión entre el Gobierno y un sector importante de la CGT, ¿tiene sólo que ver con cierto apresuramiento o estilo de Moyano o también refleja dificultades para que se establezcan canales de diálogo y participación sindical más amplia y fluida?
–Lo entiendo como un proceso de crisis sin resolución, en el que prima el proyecto político sobre lo reivindicativo gremial. Es una característica de los gobiernos de este tipo: Lula en Brasil no reformó el modelo sindical, hay más centrales que antes y todas, aun las más acérrimas opositoras, hoy reivindican al gobierno Lula-Dilma. Pepe Mújica recibe más críticas del PIT-CNT que Tabaré Vázquez. Evo tuvo en la COB mucho más un tenaz opositor que un aliado. Correa lo mismo y de Chávez se podría escribir más aún. Cuando aparecen gobiernos que toman banderas del movimiento sindical y las llevan adelante, generan este tipo de fenómenos.

–¿Qué comparte de la serie de reclamos que viene haciendo el sector de Moyano incluso antes del acto en Huracán?

–Los reclamos son inobjetables, se pueden discutir las prioridades. Para nosotros, por ejemplo, es más importante terminar con la tercerización y el trabajo en negro que lograr la participación en las ganancias. Esto no nos hace oponer a ese logro de los que trabajan en empresas que lo pueden pagar. Preferimos poner el énfasis en los pisos salariales que hacen que la mayoría de los asalariados tengan salarios bajos y una minoría, muy altos. Esto es materia de la negociación colectiva y para nuestra CTA es prioritario. Lo del impuesto a las ganancias es un reclamo justo siempre y cuando logremos un control efectivo sobre las horas extras y entremos en el debate sobre la reducción de la semana laboral, porque hay riesgo cierto de terminar fomentando una aristocracia obrera que es mala para el movimiento obrero. El impuesto a las ganancias actúa como desacelerador de la política empresaria de no ampliar planteles y ampliar la tercerización y la subcontratación. Es un mal remedio que hay que reemplazar por otros que limiten la vocación fragmentadora de las grandes patronales. Lo de las obras sociales que plantea Moyano es discutible en la medida en que se presente un proyecto que tienda a garantizar mejor la universalidad de la salud de los trabajadores, pero de ninguna manera para mercantilizarla más o convertir este derecho en una pelea por la caja.

–El deterioro de la relación entre el Gobierno y el moyanismo, ¿puede a su vez afectar la relación incipiente que se venía trabajando entre la CTA Yasky y ese sector de la CGT? ¿Moyano se vería obligado a alianzas con sectores en apariencia más “duros” como la CTA de Micheli y otros?

–La unidad de acción con el MTA se forjó en los duros años de la resistencia al neoliberalismo menemista y tiene ese valor. No es apenas el relato del “Hugo blanco y el Hugo negro”. Todos fuimos CGT única y buscamos por distintos caminos superar aquella espantosa traición histórica que devino del congreso del Teatro San Martín (N. de la R.: el 10 de octubre de 1989 comenzó en un congreso realizado en ese Teatro el proceso de fractura entre los sindicalistas que apoyarían al menemismo y los que confluirían en la CTA y el MTA). Tanto la CTA como el MTA recorrimos caminos de resistencia y lucha y nos encontramos después del derrumbe con la misma búsqueda de reivindicar los derechos conculcados en aquella “segunda década infame”. No vemos riesgo de que el debate planteado entre la dirigencia de la CGT moyanista y el Gobierno nos lleve a tomar partido. Seguimos planteando los mismos reclamos que nos parieron reconociendo todos los logros de la era kirchnerista. Los ciclos de los logros del movimiento obrero nunca coinciden con los almanaques electorales, y en la actual coyuntura creemos necesario seguir recuperando derechos que hacen al conjunto de la clase. Nos sentimos a mitad de camino en la recuperación de todo lo que nos quitó la década del ’90, compartida por gobiernos peronistas y radicales. Por eso somos autónomos pero no neutrales. Resistimos lo que nos daña como clase trabajadora y alentamos lo que nos permite avanzar en los derechos del conjunto.

–¿Qué tradición o proyecto sindical o político representa el llamado moyanismo si es que expresa tanto? ¿Qué peronismo es el moyanismo?

–Si repasamos la historia del movimiento sindical desde el ’55 en adelante, Hugo Moyano nos recuerda mucho a Augusto Timoteo Vandor. No sólo en la forma de la lucha reivindicativa, sino también en el planteo de un partido laborista. Respetando la distancia histórica y el origen de uno y otro, metalúrgico aquél y camionero éste, me parece que confrontar con el poder electoral de Cristina es como enfrentar el liderazgo de Perón en tiempos de su exilio. Obviamente que después de 28 años de democracia estas contradicciones tienden a desarrollarse de forma totalmente diferente que en aquella dictadura de 18 años con breves gobiernos electos y derribados.

–Usted y Hugo Moyano participaron juntos de más de un acto y movilización. ¿Qué comparten y en qué se siguen diferenciando?

–La unidad de acción no es una táctica, es una definición estratégica en aquellas cuestiones que afectan los intereses fundamentales del conjunto de la clase trabajadora. Seguimos dispuestos a luchar juntos, y seguimos marcando nuestra concepción de cambiar el modelo sindical argentino para que nunca más el verticalismo obsecuente nos ponga de furgón de cola de políticas destinadas a destruir las conquistas históricas de los trabajadores como sucedió en los ’90. Con esa misma convicción, afirmo que nuestra CTA no será nunca vehículo de estrategias de nuestros enemigos, como la Sociedad Rural, los intereses financieros y los grandes empresarios que crecen dándole la espalda al país. Sufrimos la ofensiva de las grandes patronales agrarias con sus secuelas de desabastecimiento y agitación y pagamos un costo interno, esto para nosotros se da en el terreno de los principios. Un sindicalismo sin principios es una desgracia histórica para los trabajadores.

–Ya pasan ocho años de gobiernos kirchneristas. ¿Por qué cree que cuesta tanto el reconocimiento de la personería de la CTA, más allá de que ahora la central se haya partido?

–Pienso que es una decisión política que nunca tuvieron Néstor Kirchner ni Cristina. La personería es una deuda más allá de la situación interna de la CTA. No hubiese evitado la fractura ni la hubiese agravado. El unicato sindical fue abandonado en el mundo entero salvo en algunos países del otrora llamado socialismo real. Seguimos pensando que estamos más en línea con lo que es el sindicalismo que viene que la vieja CGT. Toda crisis genera oportunidades de cambio, hoy estamos todos en esa situación y estoy seguro de que habrá nuevas síntesis.

–¿Qué opina de una definición repetida de Cristina Fernández acerca de atar suba de salarios con productividad y/o rentabilidad?

–¿Qué hacemos con la productividad que nos arrancó la devaluación? Hoy el costo laboral es un 30% menor que en la convertibilidad. ¿Esa productividad está para repartirse o pretenden más para mantener nuestro poder de compra? Son discusiones pendientes, al Gobierno le toca generar las condiciones para discutirlo, el Consejo del Salario prevé un debate institucional tripartito que vaya más allá de la fijación del salario mínimo vital y móvil. No es mi fuerte interpretar discursos presidenciales, pero cuando las señales son sólo hacia los empresarios vale preocuparse.

–El hecho de que hoy el secretario general de la CGT provenga del sector de los servicios, ¿dice algo sobre el estado del sindicalismo, la política o la economía nacional? ¿Sería distinto o mejor que en la CGT o la CTA el secretario general provenga de un gremio industrial?

–Esa constatación habla claramente de lo que pasó en los ’90. La UOM del año ’75 tenía más de 550.000 afiliados, la de 2001 apenas 65.000, hoy debe rondar los 300.000. La mitad de lo que fue y cinco veces lo que dejaron las políticas neoliberales. La mayoría de los gremios industriales verifican porcentajes parecidos. De todos modos los liderazgos no son necesariamente corporativos. Saúl Ubaldini, el último dirigente de la central unificada, venía de un sindicato desconocido y había logrado su liderazgo en la resistencia a la dictadura militar. En esto lo que prioriza la elección es la estrategia y la política. Desde nuestra central aspiramos a una conducción de la CGT que mantenga aquel lineamiento que nos permitió resistir el neoliberalismo y acompañar las políticas del Gobierno Nacional y popular. Sería muy negativa una nueva hegemonía de “los gordos”.

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