El largo período de cuarentena y de aislamiento obligó a cerrar los hoteles alojamiento. Durante esos meses, los empresarios recibieron el auxilio del gobierno a través de la ATP, que como sabemos fue una de las herramientas para -entre otras cosas-, amortiguar el impacto económico generado por la crisis del Covid-19. Los empresarios debían completar el pago del 75% del sueldo de los trabajadores en actividad. Sin embargo, algunas de estas empresas en ese periodo cometieron numerosas irregularidades en perjuicio de los trabajadores, sobre todo en el pago que les correspondía del 25% restante.

El Sindicato de Empleados de Albergues Transitorios (SEAT) intervino oportunamente. En aquél momento Sergio Parla, secretario General del SEAT y de Organización de la FeTIA, declaró: “se llegó a la judicialización después de haber recorrido un largo camino de presentaciones con empresarios y funcionarios, fue una situación muy complicada para las trabajadoras”

Hoy los empresarios comenzaron con algunos despidos (sin causa), siguieron con suspensiones a afiliados al SEAT y continuando en la ofensiva de debilitar al sindicato, a algunos de sus dirigentes. Es el caso de David Pereyra, miembro de la CD del Seat y secretario de Juventud de la FeTIA que los suspenden en dos oportunidades por 5 días. En ambas ocasiones, Pereyra se retira del establecimiento donde trabaja para asistir a reuniones en el Ministerio de Trabajo donde es convocado en el marco de las presentaciones hechas por el sindicato, o sea que lo  hace amparado por las leyes que tutelan la actividad sindical.

Cecilia General, trabaja como mucama hace 9 años y además, forma parte de la comisión directiva del SEAT, en declaraciones de hace unos días al portal “Grito del Sur”, expresó que en realidad “los empleadores se negaban a entregar guantes ya desde antes de la pandemia”, ignorando el riesgo para su salud que es hacer la limpieza de las habitaciones sin protección”. Este un viejo problema de salud laboral por la que el SEAT viene luchando.

Sobre el cumplimiento de los protocolos, el panorama no es alentador dice Cecilia: «No se cumplen ni se cumplieron. El día en que se abrieron los establecimientos hicimos varias denuncias al Ministerio de Trabajo porque en algunos lugares incluso le pedían a las compañeras que llevaran ellas sus propios insumos. En ciertos casos les brindaban los elementos, pero no eran descartables y era sólo por si había una inspección». Por supuesto, esas inspecciones ocurrían muy rara vez y en condiciones irregulares: se suponía que debían ser sorpresa, pero se avisaba de ellas días antes.

Para Sergio Parla: «Con la escala salarial, inventada entre los empresarios y el sindicato de Barrionuevo, los sueldos bajaron hasta un 50 por ciento, los aguinaldos se pagaron utilizando una escala presupuestaria menor y lxs trabajadorxs recién cobraron por primera vez a fines de abril y principios de mayo, lo que significó una gran pérdida de poder adquisitivo, ante esta situación no podíamos no intervenir» (…) «estas medidas -sin causa,- tomadas por los empresarios ahora, de castigo a los trabajadores y a miembros de la CD del SEAT no pueden tener otra lectura que no sea la de debilitar al sindicato que tuvo la decencia de denunciar lo que estaba y está pasando«.

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