El martes pasado, 20 de mayo en nuestra habitual reunión virtual semanal, tuvimos como invitado  a Juan Blanco Blanco, Secretario de Acción Sindical Internacional de CCOO de España. Un invitado de lujo sin duda, al igual que los invitados extranjeros que lo precedieron, cuya intervención nos permitió tener un panorama general y profundo desde la perspectiva de un dirigente internacional del sector industrial del sindicalismo europeo. Dada la riqueza y claridad de su exposición la hemos transcripto prácticamente toda.

 

“Voy a hablar de lo que está sucediendo en este contexto mundial de la pandemia del coronavirus y su impacto en el conjunto de la vida social, política y económica en Europa, un poco especialmente en España, pero me voy a referir al caso europeo.

Los sindicatos, las federaciones de la industria europea, estamos teniendo un impacto bastante intenso por lo que intercambiamos periódicamente las valoraciones que tenemos sobre ello. Hoy hemos tenido un encuentro de dos horas y media con el gran sindicato alemán de la industria, el IG Metall, para compartir el análisis que tiene el sindicalismo de clase europeo en este momento y lo que esperamos para el futuro.

Quería adelantar varias cuestiones que compartimos por la preocupación en este momento duro de la pandemia: el impacto sanitario en Europa está siendo muy fuerte, de manera especial en el Sur de Europa, hay un número de infecciones considerable que ha puesto de manifiesto un hecho que era poco imaginable en el conjunto del mundo para esa parte, teóricamente afortunada del planeta, que es la Unión Europea y es que con el volumen de infectados ha habido una crisis sanitaria aguda. Es decir, los sistemas sanitarios de los Estados de Bienestar desarrollados en la Europa Occidental, se han visto atenazados y desbordados por la pandemia.

Las camas de los hospitales, las UCIs (Unidades de Cuidados Intensivos) para atender la enfermedad, y un elemento muy importante, la salud de los propios profesionales de la sanidad, de lxs médicxs, enfermerxs, etc, ha naufragado en esta situación, con lo cual ha venido a poner de manifiesto el que unas décadas de políticas privatizadoras, de la austeridad, a partir de la crisis, muy especialmente de 2008-2010, en Europa, ha puesto contra las cuerdas al sistema de garantía de la salud pública, algo inimaginable en Europa.

Sé que no es fácil ejemplificarlo saltando el Océano Atlántico, pero aquí se ha presumido mucho y hemos presumido mucho de los mejores sistemas de bienestar social que se han visto quebrados en 35 días de impacto de una crisis sanitaria profunda. Esto ha llevado a que, fundamentalmente el sur de Europa, Italia, Francia, España, muy poquito Portugal (que ha tenido un impacto mucho más leve afortunadamente), hayamos acusado de una manera muy especial todo este proceso infeccioso, pero también en el Norte de Europa. Por ejemplo, algunos países como Gran Bretaña, Inglaterra, se han visto sumidos en una crisis sanitaria bastante caótica, sobre todo dirigido por una derecha neoliberal que no solamente había privatizado el conjunto de los servicios públicos, sino que además priorizó políticamente la aparente dicotomía, la aparente disputa de prioridad entre la salud y la economía.

El caso británico pone de manifiesto, a nuestro entender, y hoy los compañeros del sindicalismo alemán también lo reconocían así, que no hay tal dicotomía, que no hay posibilidad de salud económica sin salud sanitaria, y que por tanto las políticas de los gobiernos conservadores europeos, de la derecha de Austria, Gran Bretaña, Hungría, Holanda, que han priorizado la economía por delante de abordar la crisis sanitaria, hoy se encuentran en una situación calamitosa, de dificultades profundas. Es algo que nos viene a mostrar al sindicalismo europeo en general, que no hay una frontera nítida entre las condiciones de la salud pública y de las condiciones sociales y políticas de salud y las perspectivas económicas, porque si la crisis sanitaria cunde, las estructuras de asistencia y de bienestar social colapsan, no existen condiciones mínimas para una reconstrucción económica a partir de esta crisis.

No se puede esperar mucho de Europa

Yo decía el otro día en una reunión con compañeras y compañeros de otros países latinoamericanos, que no se podía esperar mucho de Europa y lo decía en el siguiente sentido. Una buena parte de los estados europeos depositamos en el proyecto de una unión política, económica y monetaria, toda una esperanza de estructura política, de capacidad de reacción económica por la igualdad, y por un desarrollo competitivo basado en la innovación y no en la opresión de los derechos, “buena parte del sueño europeo”, y en estos momentos la pandemia lo que está poniendo de manifiesto, es que no solamente en la crisis del 2008 la reacción europea fue muy flaca, muy pobre, y no consiguió más que aportar políticas de austeridad que nos llevaron a pérdidas de derechos y a situaciones económicas difíciles, sino que en este momento concreto, en Europa lo que hay es una reacción profundamente micronacional. Hay un retorno a los Estados nacionales en detrimento del espacio político común europeo y esto es un riesgo que además está muy impulsado desde la derecha más conservadora, incluso desde la regeneración de las extremas derechas fascistas, las nacionalsocialistas alemanas, las fascistas italianas, las franquistas españolas, etcétera.

Hay un renacer de un nacionalismo que piensa con aquel dicho de “cómo va lo mío, cómo garantizo  lo mío”. El enemigo siempre es el de afuera, el enemigo siempre es el otro.

Esto está potenciando la emergencia de fuerzas que confluyen, que son de diverso sentido. Hablando ayer con los compañeros de Bélgica, de Francia, y hoy con los compañeros de Alemania, todos coincidimos con que hay una confluencia entre fuerzas del populismo de la derecha, fuerzas de pensamientos absolutamente fuera de lo contrastable, de lo científico y están confluyendo en los valores que trata de emerger la extrema derecha clásica europea.

De principios del siglo pasado que nos llevó al traste (dos guerras mundiales y etc. etc.) en este momento tenemos el mismo riesgo impartido a lo largo de Europa. Frente a esto estamos viendo  una ligera reacción, impulsada desde dos palancas, dos pilares básicos. De una parte es la existencia en algunos países de coaliciones de gobierno que están priorizando abordar la crisis sanitaria e identificar qué recursos económicos de ámbitos europeos se requieren para la salida posterior de la crisis, y por otra parte un grupo pequeño de gobiernos de la izquierda que están priorizando la intervención directa sobre la crisis sanitaria y amortiguar el efecto sobre el mundo concreto del trabajo.

Y aquí son pocos los países, pero se están haciendo políticas de muchísimo interés. Es el caso de Portugal, de España, y es el caso más reciente, limitado, pero supongo que el compañero Stefano habrá comentado la semana pasada, el tema de Italia, y algún otro país, e incluso la propia coalición de gobierno alemana, donde participa la derecha conservadora, pero también la el Partido Socialdemócrata alemán,  están tratando de impulsar.

Esto se basa fundamentalmente en dos pilares nacionales y en una exigencia europea. Los pilares nacionales son los de construir con distintas dimensiones un especie de escudo social, protector, de la crisis inmediata y para ello, por ejemplo en el caso de España, se han habilitado dos mecanismos concretos. Uno es la de una figura en el mundo laboral, que son los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTES). Esto es que, basándose en motivos de fuerza mayor como los que actualmente existen,  las empresas se pueden acoger a períodos largos, en los que se suspende la actividad laboral negociada y acordada siempre con los sindicatos en la empresa, para reducir el tiempo de trabajo de una parte de la plantilla para que otra parte de la plantilla esté inoperativa por las condiciones de salud, o del mercado, determinado por la fuerza de grado mayor. Y entre la empresa y el Estado, firmado por los sindicatos -hasta el 30 de junio-, se acogen a la garantía del 70% del salario neto de los trabajadores y las trabajadoras de esas empresas.

A su vez, se pone en marcha una iniciativa parlamentaria en la cual se incrementa el papel del seguro de desempleo, de la prestación económica por desempleo, para todas aquellas personas que pasen por esa situación, incluso para las personas autónomas que pueden recurrir a créditos sin intereses para estos períodos.

Fondo de Reconstrucción Europea

Estas son las prácticas de una parte, que están partiendo de posiciones concretas de los gobiernos de la izquierda en Europa, pero a su vez, lo que es una reivindicación del sindicalismo europeo, global, y de los partidos de la izquierda, es que estamos pidiendo la conformación inmediata de lo que se llama “Fondo de Reconstrucción Europea”. Consiste en que el Banco Central Europeo dote un recurso en tres momentos distintos por un total superior al de millón de millones de euros en las tres fases.

La primera fase sería: 500 mil millones  de euros para dirigirlos a subvenciones, no a créditos, no volver a incurrir en el error a nuestro entender, de la crisis de 2008, que fueron créditos con cargo a la deuda de los Estados y luego supuso  la necesidad de políticas de austeridad y “austericidio”, sino que sean unos recursos económicos de gran impacto, en no más de un año, en tres pasos distintos, pero para subvenciones, no para créditos sobre la deuda pública. Porque si van a la deuda pública, los Estados tienen necesariamente que hacer ese eufemismo del neoliberalismo, que se llaman los ajustes, que no es ni más ni menos que cargar la crisis sobre las espaldas de las clases más desfavorecidas como ya sucedió en el período 2008-2010.

Este es el planteamiento que en estos momentos mantenemos en Europa.

Hemos denotado también dos elementos claves y que en el sindicalismo europeo estamos discutiendo. Ya tenemos un primer borrador que lo vamos a tratar de trabajar durante las próximas semanas, dentro de IndustriAll de Europa, y es lo siguiente:

En Europa, lo que se acusa es también una gran dependencia de los insumos básicos. Ha habido una deficiencia de productos y de equipos básicos en los sistemas sanitarios, en los sistemas de atención a esta crisis, en general. En buena parte derivados de una fórmula concreta de la globalización, que es la externalización de producciones en la persecución estricta del máximo lucro, de la máxima obtención de beneficios y debilitando la capacidad central de generar innovación, y de generar productos de cercanía para la seguridad ciudadana, la seguridad en la salud, en la movilidad, en las condiciones de vida, trabajo y eso es una acusación bastante grave a la propia fórmula concreta de globalización que se ha dado, pero lo es también hacia el propio modelo industrial.

La estructura industrial, basada en grandes transnacionales de matriz europea, grandes transnacionales europeas, que han descentralizado, en cadenas de valor a lo largo del planeta, partes de sus procesos productivos, de todas sus redes de contratación, etc. y que plantean en estos momentos problemas muy serios. Además problemas que en el sindicalismo debemos discutir de manera abierta, porque son contradictorios para las organizaciones sindicales.

Existen cadenas de suministros, de sectores de la siderurgia, o el automóvil, donde la propia multinacional tiene una capacidad importante y pacta con los Estados esas cadenas, pero hay otros sectores de actividad, donde todo ese concepto de la cadena de valor, que yo lo dejaría en lo de “cadenas”, casi aludiendo a los filósofos de hace ya unos cuantos siglos, cadenas de cadenas, es por ejemplo, sectores como el textil.

En este momento, la situación es la siguiente. Las grandes marcas, propietarias de la grandísima industria del textil, tienen su sede central en Europa, Estados Unidos, Japón, en el 83% de los casos. El 83% de las marcas del textil, pertenecen a estas tres regiones del planeta. Tienen de mano de obra directa para fabricar sus productos, aproximadamente, el 4% de ella, es decir, el 96% de la producción de vestido, calzado y demás productos que resumimos en el sector textil, son cadenas de proveedores de las grandes marcas.

La situación que tenemos, por ejemplo, son los centenares de miles de despidos que está habiendo en la zona del sudeste asiático, donde se produce aproximadamente un tercio de toda la ropa que vestimos en todo el planeta. De mi propio jersey, de los vuestros, más de un tercio. Pero hablando con la oficina regional de IndustriAll de América Latina-Caribe, hemos estado haciendo algunas aproximaciones a los problemas de este sector y también del sector de componentes del auto, en toda la zona centroamericana. Son miles de empleos los que se están perdiendo de la subcontratación de las marcas americanas. Esto es un problema que nos tiene que llevar al sindicalismo internacional, a plantearnos la necesidad, que de cara a la perspectiva de salida de esta crisis, tenemos un desafío importante.

Creo que los sindicatos nos debemos mucho a nuestra afiliación y nuestra afiliación es nuestra gente cercana. Son las empresas en las cuales tenemos capacidad de influir de manera directa, pero también (si tenemos posibilidades)  con gobiernos políticamente sensibles a las materias sociales, a las materias de las relaciones laborales, como existe en este caso en España y también en Argentina; pero, para mí, no estamos sentados en buscar soluciones en el retículo nacional. Eso es muy importante y muy necesario, pero creo que una parte del desafío importante con el que nos vamos a encontrar, una vez que esta crisis de gran impacto en la salud la vayamos superando, será la de encontrar mecanismos de cooperación internacional, para el conjunto de las economías, para el conjunto de los sistemas productivos, pero también para el conjunto de nuestros derechos laborales.

Debemos estar preocupados desde España con lo que ocurre en la industria del neumático en la Argentina que son dos o tres grandes multinacionales, que tienen un volumen importante de empleos. Qué ocurre con las grandes marcas del automóvil europeas, que tienen su centro y su industria de componentes de autos, en países como las de las hermanas y hermanos de Argentina.

Creo que la dicotomía entre salud y economía es una verdad del neoliberalismo. Es uno de sus valores fuertes, y por tanto es uno de los engaños al conjunto de la humanidad.

No hay salud sin igualdad. No hay salud sin condiciones de vida dignas. No lo hay sin salarios dignos. No lo hay sin romper desigualdades como las que nos han llevado a vivir de manera tan desafortunada una crisis de estas características. No hay recuperación económica sin contar con quien está manteniendo, aunque sea tan duramente, en condiciones tan precarias, el actual pulso económico.

 

Otras ideas que dispararon las preguntas

En el tema del Fondo de Reconstrucción Europea. “La cuestión de abordar crisis, tan inimaginables como ésta, nos lleva a pensar qué nos ha pasado en la crisis anterior. En la crisis anterior, en el caso europeo, se constituyeron fondos para salir de ella, pero que eran créditos y el crédito genera deuda.

Por ejemplo, los países del Sur de Europa tenían porcentajes de deuda pública sobre el producto interior bruto entre el 60 y el 80% antes de la crisis. Cuando pasó la crisis tenían el 100% de deuda pública sobre el PIB, porque es una forma, por ejemplo, en el caso de España, salimos de la crisis perdonándole a los Bancos 60000 millones de euros. Los bancos recibieron el crédito, sanearon, dieron créditos para recuperar la actividad privada y cobraron los  intereses. Ha pasado la crisis y pasamos a tener casi 6 millones de desempleados en España, con lo cual cada desempleado lo que estaba haciendo era pagar una parte de los 60.000 millones de euros a los bancos, porque eran créditos.

Incluso ayer el gobierno francés y el gobierno alemán, asumían la necesidad que el Fondo de Reconstrucción en Europa, en este contexto, vaya dirigido vía subvenciones. Que no tengan un retorno con un tipo de interés y que no graven la deuda de los países, porque si los países se endeudan, entraríamos en lo que ahora mismo está sucediendo. Entraríamos en la necesidad de hablar de la política fiscal, de los impuestos, porque si nos vamos a endeudar más, el Estado necesitará tener más ingresos. Si tenemos que asistir la crisis, el Estado necesitará recursos para asistir la crisis y eso solamente se puede hacer aumentando los ingresos del Estado por la vía de los impuestos, la vía fiscal.

Gran parte de las manifestaciones que se están produciendo en las dos últimas semanas en Europa de la extrema derecha en la calle, con los símbolos fascistas de hace décadas, están impulsadas por el anuncio de que hay que hacer una reforma fiscal, para conseguir dos cosas: una, que cuando una empresa quiere acogerse a un expediente de regulación temporal de empleo, hay que verificar previamente que no paga sus impuestos en paraísos fiscales. Eso es algo que en España ha dolido, a la extrema derecha y al conjunto de la derecha. ¿Cómo el Estado va a subvencionar directamente a una empresa que cotiza en paraísos fiscales, que no paga los impuestos en el país?

Esto es algo muy importante. Las asociaciones empresariales deben tener esa perspectiva. Es una de las bases importantes para que en Europa sea viable plantearse un Fondo de Reconstrucción sobre las subvenciones. Que no sean créditos, pero que estén basadas en relaciones fieles, leales, y que por tanto, abandonemos el endeudamiento de los países y abordemos inversiones directas de estas características, con este tipo de Fondos de Reconstrucción Económica. Porque tienen todo ese calado. No es solamente para que no haya deuda pública de los Estados, es para que no haya estas prácticas que hacen inviable las reconstrucciones económicas, y hacen muy fácil el argumento de la derecha, de “todo el mundo va a lo suyo menos yo que voy a lo mío”.

Esa es la privatización neoliberal clásica, que ha imbuido a todas estas clases aparentemente medias que se pueden esconder las declaraciones de Hacienda, los tributos, porque no hace falta un Estado social.

Sin embargo las capas populares deberíamos ser las primeras en reivindicar eso, que sin impuesto no hay médicina, no hay enfermeras, no van a atender a nuestro padre, a nuestra madre, en la residencia de mayores con condiciones dignas. Para el sindicato es muy importante y lo es también para los centros de trabajo. No hay posibilidad de recuperación de la empresa sin un compromiso de la empresa. Nosotros somos los primeros en buscar  subvenciones para recuperar la actividad productiva pero en esos términos. Por ahí va un poco la idea que el sindicato trata de lanzar del sentido de Fondo de Reconstrucción Europea. Nos alegra además, que algunos gobiernos, incluso de la derecha, como el caso alemán o el francés, estén potenciando esto en el ámbito de la Unión Europea”.

Sobre el Teletrabajo

“Para la regulación del teletrabajo tenemos muy poquitos acuerdos, de carácter sectorial y algunos acuerdos de grandes empresas. Que hayamos impulsado una guía de estas características (https://fetia.org.ar/el-teletrabajo-vino-para-quedarse/), viene motivado precisamente por haber puesto en común con otros compañeros de otros países, en este caso lo hemos hecho con compañeros franceses y suecos, la necesidad de precisar condiciones para la negociación y llevarlo al ámbito de la negociación concreta su plasmación. Hay una petición en el Parlamento Europeo de Legislación de urgencia en Europa sobre el teletrabajo, pero llevará un tiempo. Vivimos de acuerdos concretitos. Nosotros además de la guía, lo que sí querríamos es haceros llegar también algunos convenios concretos, acuerdos específicos que regulan tiempo de trabajo, disponibilidades, productividad, etc, y que posiblemente van más allá de las condiciones de salud, ergonómicas, y  marcan algunas características como es algo muy importante en otras actividades como en el trabajo del sector de tecnología de la información y las comunicaciones, como es el propio concepto de tiempo y trabajo y su regulación. Qué capacidad tiene el propio trabajador para conocer su disponibilidad de tiempo de trabajo. No solamente qué disposición pone la empresa, sino cómo el trabajador puede medir su propio tiempo de trabajo.

Hay algunos acuerdos en el caso de Telefónica y en Hewlett Packard, creo que ha tenido otro acuerdo y que os haremos llegar por si son de actualidad para negociaciones concretas o para negociaciones.

Nacionalización de algunas empresas

Se le preguntó en relación a que en el marco de la pandemia, podría impulsarse en Europa la nacionalización de algunas empresas, por ejemplo empresas aéreas. ¿Qué hay de eso? ¿Estas políticas serían viables?

Blanco expresó sus reservas respecto a esto, “es verdad que se empezó a hablar de ello pero en principio apareció como una simple *publicidad*,  si bien ha ido cobrando otro sentido. Tenemos pendiente de comprobar si así será.  Últimamente quienes más han hablado de este tema son los gobierno alemán y francés, pero el gobierno alemán no ha movido una pieza en este especie de juego de ajedrez. Sí el francés que ha ampliado su capital accionario en varias empresas, fundamentalmente en empresas públicas, en las que el gobierno tiene un 15 o 20%. Han invertido para cubrir problemas de liquidez, pero también en previsión de inversiones inmediatas, por ejemplo es la línea aérea Air France, donde el gobierno aumentó su capital accionario.

Esto provocó que otras empresas plantearan al gobierno que se les aplicara el mismo tratamiento de manera muy directa para afrontar los problemas de liquidez. Otro ejemplo es Renault “ha invertido para fortalecer su cuota nacional, pero en paralelo ha declarado que esa compra de acciones apunta a que la reestructuración no afecte a las fábricas francesas. En estos casos la palabra nacionalización puede tener el sentido de fortalecer las estructuras nacionales, no necesariamente públicas, apuntando a un propósito más electoralista, porque Renault seguirá siendo mayoritariamente privada, podemos pensar que está comprando votos porque el discurso es “los franceses primero”.

Para Blanco no se están dando pasos serios. “No vemos políticas de nacionalización de cosas que se han privatizado… un ejemplo es el transporte en Alemana, que siempre ha sido un modelo de servicio, llevan unos años en que no anda tan bien y se retrasan los trenes, se habla de volver a nacionalizarlos, al menos una parte de la red de cercanía y esto sí sería interesante porque no nacionaliza para competir con nadie sino para garantizar un servicio público. Esta nacionalización no ha dado un paso más allá. En Europa, una de los sectores más privatizados son los de la sanidad, servicio que antes era público… Algunos gobiernos no necesariamente de izquierda, están empezando a impulsar la idea de fortalecer el sector público con inversión directa del Estado. Y esto tal vez lleve a la renacionalización de algunos servicios públicos como la sanidad y en el transporte, pero… sinceramente tengo muchas dudas”.

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