Así se titula el informe que será debatido en la próxima reunión anual de la OIT de junio, cuando el organismo internacional celebrará 100 años de su creación.

“Nuevas fuerzas están transformando el mundo del trabajo. Las transiciones implicadas en esta evolución piden que se tomen medidas enérgicas. Nos esperan innumerables oportunidades para mejorar la calidad de vida de los trabajadores, ampliar las opciones disponibles, cerrar la brecha de género, revertir los estragos causados por las desigualdades a nivel mundial y mucho más. Sin embargo, nada de ello ocurrirá por sí mismo. Sin esas medidas enérgicas, nos dirigiremos a un mundo en el que se ahondarán las desigualdades e incertidumbres existentes.

Los avances tecnológicos –la inteligencia artificial, la automatización y la robótica– crearán nuevos puestos de trabajo, pero quienes van a perder sus trabajos en esta transición podrían ser los menos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades”, así comienza el informe realizado por la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo que inició sus trabajos en octubre de 2017 por invitación del Director General de la OIT. Está compuesta por un equipo de destacados especialistas procedentes de diversas partes del mundo, diversos sectores y perfiles profesionales y con múltiples experiencias y perspectivas. Se reunió en cuatro ocasiones, la última de las cuales tuvo lugar en noviembre de 2018.

Aquí un brevísimo resumen del Informe. El documento completo en .pdf acompaña esta nota.

Aprovechar el momento: Revitalizar el contrato social  

La Comisión exhorta a “aprovechar las posibilidades que nos brindan estas transformaciones profundas para crear un futuro más prometedor y conseguir seguridad económica, igualdad de oportunidades y justicia social; así como, en última instancia, reforzar nuestro tejido social”.

El Informe advierte: “Las competencias de hoy no coincidirán con los trabajos de mañana, y las competencias recién adquiridas podrían volverse rápidamente obsoletas. Si dejamos que la economía digital siga como hasta ahora, probablemente se ensancharán la brecha regional y la brecha de género. Además, los sitios web de trabajo en plataformas de microtareas y el trabajo mediante aplicaciones que conforman la economía de plataformas podrían recrear prácticas laborales que se remontan al siglo XIX y futuras generaciones de «jornaleros digitales».

“La transición a un futuro del trabajo que respete el planeta y trate de detener el cambio climático va a perturbar aún más los mercados laborales. Es previsible que la creciente población de jóvenes en algunas regiones exacerbe el desempleo juvenil y las presiones migratorias. El envejecimiento de la población en otras regiones someterá a una mayor presión los regímenes de seguridad social y de cuidados”.

Además de explayarse en la gravísima situación actual y graficar claramente los cambios profundos y turbulentos que se están gestando en la vida laboral (véase infografía en pdf, pág. 20). y que afectarán indefectiblemente a todas nuestras sociedades, los expertos proponen un programa centrado en las personas situándolas junto al trabajo que realizan en el centro de las políticas económicas y sociales y de la práctica empresarial.

Este programa se asienta en tres ejes de actuación, que combinados entre sí generarían crecimiento, igualdad y sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras:

  • Aumentar la inversión en las capacidades de las personas
  • El derecho a un aprendizaje a lo largo de la vida que permita a las personas adquirir competencias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente.
  • Incrementar las inversiones en las instituciones, las políticas y las estrategias que presten apoyo a las personas a lo largo de las transiciones que entraña el futuro del trabajo.
  • Aplicar un programa transformador y mensurable para la igualdad de género.
  • Proporcionar protección social universal desde el nacimiento hasta la vejez.

 

  • Aumentar la inversión en las instituciones del trabajo
  • Establecer una Garantía Laboral Universal.
  • Ampliar la soberanía sobre el tiempo.
  • Garantizar la representación colectiva de los trabajadores y los empleadores a través del diálogo social como bien público, promovido activamente a través de políticas públicas.
  • Encauzar y administrar la tecnología en favor del trabajo decente.
  • Incrementar la inversión en trabajo decente y sostenible
  • Incentivos para promover inversiones en áreas clave en favor del trabajo decente y sostenible.
  • Remodelar las estructuras de incentivos empresariales en pro de estrategias de inversión a largo plazo, y explorar indicadores suplementarios de desarrollo humano y bienestar.

El Informe de la Comisión recomienda apelar a la universalidad del mandato de la OIT. “Esto implica aumentar el alcance de sus actividades para incluir a aquellas personas que, históricamente, han permanecido excluidas en gran escala de la justicia social y del trabajo decente, en particular a quienes trabajan en la economía informal. Esto implica asimismo tomar medidas innovadoras para afrontar la diversidad cada vez mayor de situaciones en las que se presenta el trabajo y, en particular, el fenómeno emergente del trabajo digital a través de la economía de plataformas. Consideramos que la Garantía Laboral Universal es una herramienta adecuada para responder a estos desafíos y recomendamos que la OIT preste una atención con urgencia a su aplicación”.

La Comisión señala en su informe un hecho evidente, hay un contraste muy acentuado entre el alcance de las transformaciones profundas que está experimentado el mundo del trabajo y nuestro nivel de preparación para afrontarlas de forma que se maximicen y se distribuyan correctamente los beneficios que producen. Si no se toman medidas urgentes y eficaces “corremos el riesgo de que este desequilibrio alimente la incertidumbre y divida las posiciones entre quienes se ven a sí mismos como ganadores en el futuro del trabajo y aquellos otros, más numerosos, que temen no poder evitar ser los perdedores”.

Por último, insiste en la necesidad de una acción comprometida por parte de los gobiernos y de las organizaciones de empleadores y de trabajadores quienes deben revitalizar “el contrato social que asegura a los trabajadores una participación justa en el progreso económico, el respeto de sus derechos y la protección de los riesgos a los que se exponen a cambio de su constante contribución a la economía”.

Sin duda, el debate que se viene en la OIT puede ser muy interesante. Ojalá la voz de los trabajadores tenga mayor incidencia en las políticas que la OIT y otros organismos internacionales con quienes hay que interactuar resuelvan al respecto. Mientras millones de trabajadores sigan estando excluidos, privados de derechos fundamentales y sin poder hacer oír su vos, no habrá justicia social, las instituciones democráticas y la paz estarán amenazadas.

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